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Objetivos insulsos

Te levantas por la mañana y la mayoría de las veces crees que necesitas una buena razón para poder hacerlo. Luego, al rato, cuando ya desestimas la necesidad e imperia en tí el saber hacer de una persona normal, te vas a la ducha. Perdida ya la primera batalla del día, después de alicatarte, te diriges donde sea que tengas que ir. El viaje, bueno, malo, o simplemente como siempre, pasa de ser una experiencia a un simple trámite hasta el siguiente achaque. La llegada de la hora de la comida parece que deja entrever algo de esperanza. Comes, algún día con gloria, pero normalmente la pena se alza con el podio. Siguiente achaque. Por fin, segundo trámite y a empezar. Bueno, depende, hace un tiempo te obligaste a hacer X que sería bueno. Así, que si toca X, lo de empezar se retrasa; si no es así, entonces es momento de arrancar. Llegas a ese momento, en el que hay que acelerar y disfrutar del viaje. Antes, calientas motores, planificas, trazas mentalmente las líneas de actuación de los próximos minutos de tu vida. La cosa empieza, las energías acompañan, hasta que se acaban. Desgraciadamente ya no te queda fuelle; intentas aprovechar al máximo esas ideas locas, pero te invaden los palos. Tanto esperar y parece que no es lo placentero como debiera. Te retiras pronto, porque no sabes hacerlo de otra manera, no quieres hacerlo de otra manera, no puedes hacerlo de otra manera, no te dejas hacerlo de otra manera. Te relajas, reflexionas, no lo estás haciendo mal del todo; te consuelas, sabes que hay gente peor. Ya hace muchos años que dura esto, mirar atrás deja de ser un 'no veas como lo pasamos' a un 'no veas como lo pasábamos'. Te creas pequeños objetivos para que te aporten ese placer perdido, pero no es lo mismo. Cuando los consigues te alegras y nada más. No apuntas más alto porque sabes que lo dejarias a medias, así que sigues con esos objetivos insulsos.

Xavier
los colores del futuro

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