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No te atreves a respirar hondo, cada vez que lo has intentado se te bloquean los pulmones y acabas vomitando. Así pues, la única forma para seguir que tienes, es respirar de manera entrecortada y rápida, como los pasos de una gueisa. El alcohol te calma los bombeos de sangre, pero conlleva un ligero dolor de cabeza. Fuera está lloviendo, hace un tiempo pésimo. Sales, te mojas, no tienes paraguas; creo que nunca has tenido un paraguas. En seguida se te moja el pelo y el agua te empapa los hombros y parte de la espalda. Notas como el frío se escurre entre tu piel y tu carne hasta llegar a los huesos. Sigues caminando, últimamente como mejor te sientes es así, caminando, bueno, deambulando se podría decir, sin rumbo. Es pronto, demasiado pronto. Te acercas a un bar, te sientas cerca de la vidriera, la lluvia no te gusta, pero te encanta verla. Te tomas algo caliente mientras tu mirada se pierde entre las palmeras y las gotas de los charcos. Tu mente, como ya es costumbre, se evade, vuela hacía tu mundo de cómic y nubes. ¿Cómo se puede concebir un mundo de nubes? Tú lo haces, tienes un universo paralelo dónde lo único que existe son nubes, y a medida que caes, o que vuelas, construyes nuevos lugares, generas sentimientos y luego, más adelante, los dibujas de cómic. Vuelves al bar cuando la camarera te dice algo. Pagas y te largas, ya no llueve, ya sólo quedan palmeras. Tienes que aprender a controlar la lluvia, de otra forma esto puede acabar contigo. Pero bueno, como que ya no llueve, sigues caminando. Puede que tengas suerte y hasta el sol te acompañe.

Xavier
enganchado al sol

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